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¿De qué hablamos cuando hablamos de bisexualidad?

Publicado por portalbisexual en Junio 30, 2008

“Me dijo que le gustan los hombres tanto como le gustan las mujeres, lo que le parece natural porque, dice, él es producto de dos sexos así como de dos razas. A nadie le sorprende que él sea biracial; ¿por qué debería sorprenderles que sea bisexual? Esta es una explicación que jamás escuché antes y que no puedo comprender del todo; me parece demasiado lógica para mi cerebro.”

Alice Walker, Possessing the Secret of Joy

“Necesito hablar sobre bisexualidad. Creo que la analogía es la identidad interracial o multirracial. Creo que la analogía para la bisexualidad es una visión del mundo multicultural, multiétnica, multirracial. La bisexualidad se desprende de una perspectiva como ésa y a la vez conduce a ella.”

June Jordan, activista y poeta

¿De qué hablamos cuando hablamos de (bi)sexualidad?

Muchas personas afirman que “la bisexualidad no existe”. En cierto sentido, tienen razón. La Bisexualidad, como entidad absoluta, es algo irreal, claro que sí. Algo tan irreal como lo son La Homosexualidad o La Heterosexualidad. Lo que existen son historias humanas de deseo y diferentes maneras de dar cuenta de ellas a través de las palabras. La elección de una palabra o de otra (o de ninguna) para dar “título” a esa narrativa, es producto de numerosas circunstancias, entre las que se tienen un lugar privilegiado el contexto social y cultural, la historia familiar y el grupo de pertenencia. Y siempre, toda palabra que pretenda dar cuenta de la historia y del presente deseante y afectivo de una persona, necesariamente dejará afuera experiencias, fantasías, proyectos, sueños, que son conflictivos con la imagen de sí que esa palabra quiere revelar. Ese “dejar afuera” puede implicar “olvidarlos” o también resignificarlos de maneras que reduzcan su conflictividad.

Lo que se considera “ambiguo”, es decir, lo que no es fácilmente clasificable en las categorías existentes, tiene la virtud de por su mera existencia desnudar las reglas de juego que subyacen a esas categorías.

Tal como sucede con la transgeneridad, que desnuda en forma implacable la precariedad de la diferencia (binaria) de género, pilar de la civilización occidental -cristiana y no-, la bisexualidad pone al descubierto cuáles son los parámetros que regulan la idea misma de sexualidad humana en este fin de siglo.

Escuchemos las críticas, y los temores. Los siguientes comentarios fueron pacientemente recogidos a lo largo de los años. Provienen de muy variadas clases de personas: terapeutas de diversas orientaciones, público de talk-shows en televisión, gays y lesbianas (activistas y no), integrantes de grupos de terapia, estudiantes de psicología, etcétera. Según ellas y ellos, las personas bisexuales son:

Inmaduras: porque no se definen, porque pretenden perpetuar un estado de omnipotencia infantil en el que todos los objetos son potenciales objetos amorosos.

Impostoras: porque “en realidad” son gays o lesbianas que no se treven a asumirse como tales, o que no quieren perder ni los privilegios sociales de la heterosexualidad ni los placeres de la homo.

Confundidas: porque “en realidad” no saben lo que quieren, dudan, van de un cuerpo a otro y de un género a otro buscando una falsa completud de sus débiles yoes, que se debilitan más aún en ese proceso.

Hipersexualizadas: su libido es tan intensa que rompe los diques de la represión y no discrimina entre objetos socialmente permitidos y prohibidos; en versión talk-show: “tiene ojo, me lo cojo”.

Egocéntricas, egoístas, centradas en la búsqueda de su propio placer y reluctantes a sacrificar nada de sí para comprometerse en una relación adulta con una persona de un determinado género y renunciar al resto de sus potenciales parejas. Este egocentrismo en muchos casos orilla la psicopatía, ya que la persona bisexual es insensible al dolor que causa en heterosexuales, gays o lesbianas puras/os y bien intencionadas/os que confían en ella. (Esta línea ha sido explotada por el cine hasta la exasperación)

Exóticas, andróginas, ni hombres ni mujeres, criaturas de la noche y la excentricidad, artificiales, exquisitas, tan Otras que ni siquiera puede juzgárselas con los parámetros morales que sí les caben a sus hermanas/os más corrientes.

¿Cuál es la idea de sexualidad que se esconde detrás de esas críticas? En primer lugar, una sexualidad cuya culminación es un estado fijo -en cuanto a objeto, pero también en cuanto a práctica. La madurez sexual estaría indicada por la elección, sea esta hetero u homosexual, y el renunciamiento a las otras alternativas. Ser madura/o es recortar de la gama posible de experiencias humanas una sola, y adherirse a ella por el resto de la vida. Se trata de una sexualidad binaria, excluyente, y por supuesto jerárquica como lo son todos los sistemas binarios en Occidente (hombre/mujer, mente/cuerpo, blanco/negro, día/noche, cielo/infierno, etcétera). De acuerdo al círculo donde nos movamos, la perfecta culminación del proceso psicosexual será la heterosexualidad, con la homosexualidad como variante defectuosa; o proclamaremos la supremacía del deseo entre iguales, con una miríada de argumentos que van desde la exquisitez griega hasta la liberación del mandato patriarcal.

No hay vida fuera de los polos… contradiciendo la realidad de nuestro planeta donde justamente los que están deshabitados son los polos y la fascinante diversidad de la vida humana transcurre en las vastísimas zonas que se extienden entre ambos…

¿Por qué la bisexualidad asusta tanto que tiene que ser negada en su misma existencia? Una posible explicación, entre muchas, se relaciona con este sistema binario al que venimos haciendo referencia. Al ser jerárquicos, los binarios que estructuran el pensamiento occidental son en realidad falsos binarios. No hay equivalencia entre las dos posibilidades: siempre hay una que es “positiva” y otra que es “negativa”… el negativo de la primera, su copia deformada. En la Edad Media se imaginaba el cuerpo de la mujer como una copia deformada del masculino, sin tapujos. El lado “positivo” del binario es el “real”; el otro, es una deformación a corregir, sin entidad propia. No son dos, sino uno, y la “elección” / “renuncia” no es tal, sino una mera cuestión de desempeño, de acercarse más o menos al ideal.

En esta sexualidad normativizada, con indicadores de desempeño y metas a alcanzar, donde el deseo aparece controlado, nombrado, acotado, y el margen para lo imprevisto y para el cambio es mínimo, la bisexualidad irrumpe como elemento disruptivo. La bisexualidad no sólo devuelve su categoría de existencia al otro polo del binario sino que además despliega una amplia gama de opciones posibles entre ambos, que los relativiza y los vuelve meros puntos en un continuum en lugar de indicadores excluyentes de identidad.

La bisexualidad remite a lo móvil, al cambio, a lo imprevisto y por eso atemoriza. En ámbitos que no sean la sexualidad, se reconoce la capacidad de adaptación a los cambios como síntoma de madurez, la flexibilidad como indicio de estructuración adecuada del yo, un amplio repertorio posible de respuestas e intereses como sinónimo de salud. Y sin embargo, en lo sexual, exigimos de las personas todo lo opuesto. No es sorprendente: en el lugar de la mayor vulnerabilidad humana, donde rozamos la muerte y la desnudez, donde hasta el lenguaje adulto nos es insuficiente, es donde construimos las mayores rigideces, los imperativos más tiranos.

La definición más simple de bisexualidad habla de la potencialidad de sentirse atraída o atraído por personas del propio género así como de cualquier otro. El término en sí ha sido cuestionado por muchas personas en los últimos años, ya que perpetúa la (falsa) concepción de que existen solamente dos géneros -el propio y el ajeno, femenino y masculino. La existencia de una amplia gama de personas que resultan difíciles de encuadrar en esas dos categorías, y que resultan objetos de interés afectivo / erótico, exige una definición más abarcativa de bisexualidad, como la que enunciamos al comienzo del párrafo.

La sexualidad humana es mucho más compleja de lo que querríamos que fuera. Abarca la genitalidad, por supuesto, pero también las fantasías, la cercanía emocional, la comunión afectiva… En algunas vidas humanas -las menos- todos esos vínculos se dan, desde el nacimiento hasta la muerte, con personas de un solo género. En la mayoría de las vidas humanas, en cambio, existe una fascinante diversidad de objetos amorosos/eróticos, a veces aceptados como tales y a veces no. Si restringimos la sexualidad a su expresión genital, seguramente encontraremos muchos más casos de exclusividad, pero ni siquiera. El famoso estudio Kinsey, realizado en los años ‘40 y que sólo medía relaciones sexuales que culminaran en orgasmo, provocó un escándalo al revelar la impresionante diversidad en las preferencias sexuales de la población estudiada.

Acordar existencia real a la bisexualidad implica una concepción de la sexualidad menos “tranquilizadora” pero más adecuada a los estándares de salud, en cuanto requiere una perspectiva flexible, abierta a la posibilidad de que se produzcan cambios. El peligro reside en utilizar la aceptación de la bisexualidad para instalar un nuevo status quo, donde las opciones “aceptables” serían tres en lugar de dos. Apenas una modificación cosmética. El desafío que plantea la bisexualidad es pensar la sexualidad humana como una materia en construcción permanente, como una historia que sólo se cierra y adquiere una forma definida en el momento de la muerte. Y abrir la puerta para validar otras expresiones de la sexualidad que todavía oscilan entre la categorización clínica (desvalorizante) y el silencio; no casualmente, son las expresiones más “asociales”, las que no nos ligan a otras ni a otros, las que son todavía más sospechadas: el celibato, el autoerotismo, el fetichismo.

Estas reflexiones son un extracto de un trabajo realizado por Alejandra Sardá

Psicóloga. Coordinadora del Programa para América Latina y el Caribe, IGLHRC (Comisión Internacional de los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas)

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Stonewall y el origen del Orgullo Gay Lésbico Bisexual Transexual

Publicado por portalbisexual en Junio 26, 2008

Cada 28 de junio se conmemora un nuevo aniversario de la “revuelta de Stonewall”, un hecho ocurrido en Nueva York en 1969 y que marcó los inicios del activismo lésbico gay bisexual y transexual.

En Nueva York, el Empire State Building se ilumina anualmente de azul, lavanda y blanco para conmemorar el aniversario de Stonewall y, por tanto, el Día Internacional del Orgullo gay. Todo nació en el levantamiento del 28 de junio de 1969. En un pequeño bar del village llamado “Stonewall Inn” tuvo lugar el primer gran enfrentamiento entre los gays y la policía. A partir de esa “rebelión”, gays y lesbianas comenzaron a organizarse institucionalmente. En conmemoración del acontecimiento tiene lugar, a fines de junio de cada año, el Desfile de Orgullo Gay que se desarrolla en buena parte del mundo.

Para la comunidad gay de los años 60, Nueva York era la cuna de una débil voz que fue tomando conciencia de su condición de minoría y que, poco a poco, se convirtió en un grito de protesta que se escuchó en todo el mundo durante las dramáticas revueltas de éste mítico bar del Village neoyorkino, en el que aproximadamente 300 hombres y mujeres fueron arrestados después de 3 días de intensas protestas por la despiadada discriminación de la cual fueron objeto por parte de las fuerzas del orden, simple y llanamente por su orientación sexual.

El “Stonewall Inn” era el bar preferido por los gays de Nueva York. Por aquellos días de finales de la década del los 60 era costumbre de la policía colarse periódicamente en los bares de ambiente, tratando de convencer a alguien para mantener relaciones sexuales, con esta trampa “cazaban” a la gente, pero su objetivo real era acabar con los lugares de reunión de gays y lesbianas. La persecución terminaba con redadas en el lugar para clausurarlo deteniendo a todos los que se reunían allí. Los clientes del Stonewall eran de lo más variopinto, todo un universo underground de la sociedad neoyorkina: desde jóvenes estudiantes hasta caballeros conservadores de traje y corbata, pasando por chicos radicales. El 27 de junio, tras una de las frecuentes redadas, la gente no pudo aguantar más la persecución y la represión de la libertad y estalló el conflicto. Cientos de gays se enfrentaron esa misma noche a la represión policial, terminando esa jornada con un muerto y varios detenidos.

LA REBELIÓN DE STONEWALL

Todo ocurrió durante el último fin de semana de Junio de 1969, agentes de la policía y agentes de control de bebidas alcohólicas entraron en el “Stonewall Inn”, ubicado en Christopher Street. Presuntamente, estaban allí para controlar las violaciones a las leyes de control de alcoholes. Pero comenzaron insultando y agrediendo a la clientela, y después de comprobar identidades, tiraron literalmente a los clientes fuera del bar, uno a uno. Ya no pudieron más, en vez de deslizarse silenciosamente en la noche, como siempre lo hicieron durante años, travestis, estudiantes, y otros clientes, se mantuvieron en su territorio y lucharon defendiéndose. Alguien sacó de raíz un parquímetro y lo usó para asegurar la puerta como barricada. Los agentes y los policías fueron atrapados adentro. Éstos, destrozaron el lugar y llamaron refuerzos. Una fuerza desproporcionada de vehículos policiales acudieron a toda carrera a la escena con las luces girando y las sirenas resonando. La multitud creció. Alguien prendió fuego y ya las protestas no pararon hasta los tres días. Por primera vez, después de innumerables años de represión, este punto de inflexión hizo nacer y crecer el “Gay Power”.

EL NACIMIENTO DEL GAY POWER

El poder gay comenzaba a florecer. En los días posteriores a la revuelta hubo un encendido debate entre la comunidad gay sobre como responder a estos sucesos. No todos consideraron que había que decir basta ya. Algunos querían más disturbios y que continuara la protesta masiva, mientras que otros querían poner fin inmediatamente a la violencia y a las manifestaciones públicas. Los que querían se restaurara la paz tenían miedo de que la policía pudiera vengarse incrementando las redadas en los bares, el hostigamiento y las detenciones. Pero desde la jornada siguiente a los disturbios se sucedieron las concentraciones en las que la mayoría de los centenares de personas que participaron eran jóvenes gays, pero ahora con una conciencia de orgullo y de no tener que esconderse. La calle comenzó a reunir en la protesta a grupos de gays entusiasmados, tomados de la mano, besándose, expresando su condición públicamente como tales, en una acción de liberación gay como nunca antes se había visto.

Después de varios choques violentos con la policía las aguas se amainaron y volvió la calma, pero en la conciencia de todos había empezado una nueva era en la lucha por los derechos de gays y lesbianas. Aunque los disturbios de Stonewall no se puedan considerar el principio de la lucha por la igualdad de gays y lesbianas, unas personas, gays y lesbianas, consiguieron que cambiara el estado de represión policial que les coartaba la libertad de ser. Estos disturbios transcendieron mas allá de una anecdótica bronca local, extendiéndose por todo el mundo la noticia cuyo significado supuso una explosión de colectivos y de activistas a partir de entonces.

Estos sucesos fueron tomados con un sigmificado mítico. Muchas organizaciones orgullosamente usan Stonewall o La calle Christopher como sus nombres. Durante el verano y el otoño de 1969, cinco frentes de liberación Gay florecieron en Nueva York, Berkeley, Los Angeles, San Francisco y San José. A fines de los años 70 unos 300 frentes de liberación gay fueron creados. La primera conmemoración de la rebelión de Stonewall se llevó a cabo en Nueva York en Agosto de 1969. Otras Marchas fueron organizadas por primera vez en 1970 en Nueva York y Los Ángeles en el aniversario de los sucesos, una tradición había nacido.

NACE EL DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO

El 12 de Octubre de 1985, en la conferencia anual de la Asociación Internacional de los coordinadores del orgullo gay, Morris Knight, un miembro de la delegación de Los Ángeles, de Christopher street west, propuso que el aniversario vigésimo quinto de la rebelión de Stonewall fuera observado con la primera celebración Internacional del orgullo Homosexual. Desde entonces, esta propuesta de metamorfosis del “Stonewall 25″ en el Día Internacional del Orgullo se encontró con una entusiasta respuesta en las conferencias de la coordinación de orgullo en Vancouver, Minneapolis y Boston, y en las conferencias de la ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas y Gays) en Estocolmo y en París, donde los delegados discutieron y formularon el nombre y las demandas de la marcha internacional.

La histórica revolución de Stonewall fue inmortalizada en 1989 en Manhattan por el escultor George Segal, una escultura de bronce que se denominó “La Liberación Gay”, que representa a una pareja de gays y otra de lesbianas a tamaño natural, ubicada en la concurrida Plaza Christopher, en el mismo centro de Village, corazón del mundo gay neoyorquino. Además la Asociación Nacional de Parques agregó al parque anexo a “Stonewall Inn” a la lista de lugares históricos en los EE.UU. El bar donde se inició el movimiento de resistencia actualmente otorga premios a aquellos que logran destacar, ayudando a sus comunidades respectivas a salir de la clandestinidad y la persecución.

Manuel Mancera – NaciónGay

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